The Witch | Crítica

“Wouldst thou like to live deliciously?”

Isaias 34:14

«Los gatos salvajes se juntarán con hienas y un sátiro llamará al otro; también allí reposará Lilith y en él encontrará descanso».

La maldad es probablemente una de las cosas mejor retratadas en la Biblia. De él se ha desprendido cine de horror que se adentra profundamente en el aspecto espiritual y pagano al explotar elementos oscuros. En sus versos encontramos cierta fascinación interpretativa que se puede relacionar a The Witch inmediatamente.

La ópera prima de Robert Eggers habita en un mundo arcaico y desolado del siglo XVII que nos cuenta la lenta transición de una familia de fieles -y obsesionados- creyentes hacia su perdición. Pero no por aspectos sobrenaturales per se. En pantalla apenas podemos percibir la esencia pagana y ritualística que amenaza a los integrantes y en lugar de eso nos encontramos de lleno con arrebatos de auténtico terror emocional y psicológico. No es la figura del demonio la que se manifiesta como la amenaza, sino una suerte de obsesión religiosa que se afana y comienza a pudrir poco a poco la unidad familiar. La bruja es el vehículo para desatar el aspecto más oscuro y deplorable de cada integrante.

Es también un recuento de la figura femenina como portadora del pecado. La película amplifica su propuesta cuando el poder visual toma el protagonismo total de la cinta. Esto resulta patente cuando -sin abusar- incrusta en sus encuadres una iconicidad muy poderosa. Colores, formas y composiciones que se antojan barrocas -o de pintura rococó- permiten pensar en esta leyenda londinense como un cuadro salido de la mente de un retorcido pintor.

Pero es la dirección de actores la que dimensiona a esta cinta cuando por momentos cuela a sus actores a niveles igualmente icónicos. Harvey Scrimshaw (Caleb) en secuencias convulsas de su personaje nos regala reminiscencias de niños que han dotado al cine de horror de un misticismo atemporal. Harvey Stephens como Damien Thorn en The Omen, Linda Blair como Regan en The Exorcist o Noah Wiseman como Samuel en la más reciente Babadook, son algunos de los niños o adolescentes con los que Scrimshaw compartirá podio.

El cast mayormente comprendido de actores de menos de 20 años se caracteriza por aciertos y fortaleza; en conjunto funcionan para llevarnos de la mano en la vorágine y desconcierto que The Witch genera. Toma prestados además símbolos sumamente establecidos y estereotipos de maldad que sirven para fortalecer su discurso. Una leyenda que bebe de la más fina tradicionalidad de relatos de boca en boca. Los animales y los colores refuerzan incontables ideas sobre la presencia de seres demoníacos y algunas escenas resultan especialmente perturbadoras por su contenido simbólico.

Quizá el aspecto más débil de esta película sea precisamente su marco temporal. Pero no por dolencia cinematográfica, sino por la exigencia de un mundo actual completamente desensibilizado a este género. Ahí es donde encontrarán un fallo la mayoría de personas que ignoren la fuerza visual de la cinta. Quienes miren de cerca, escarben en la paganería y los  múltiples discursos que ofrece, encontrarán una propuesta fiel a un lenguaje que se antojaba olvidado en el cine de horror. La fascinación y deleite hacia la maldad justifica la pregunta nunca antes escrita “wouldst thou like to live deliciously?”
Vean cine, el cine es vida.

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