The Walking Dead : Still

La serie The Walkind Dead ha sido un éxito debido a varios factores que le han afectado alrededor de su desarrollo, desde la propia base de la que parte, en la que encontramos un comic visualmente muy atractivo, con una narrativa bastante estructurada, hasta la elección de los actores que han recorrido el reparto de la serie. Tal vez para quienes estén más familiarizados con el comic del que proviene, las historias que cuentan los episodios que estamos viendo en esta segunda parte de la cuarta temporada no han sido especialmente los mejores, pero hay algo que se ha transformado en ella.

El episodio titulado “Still” ya nos cuenta de por sí una gran premisa sobre el desarrollo que llevará la trama. Estamos otra vez montados en ese universo en el que confluye pasado y presente. Todo lo que tenemos alrededor es una muestra de lo que se ha querido dejar atrás pero que sigue intacto, inerte, esperando salir para devorar a los protagonistas de este muy particular episodio. En tanto todo ello nos da la certeza de que tenemos otra vez esa sensación de encontrarnos con personajes de tres dimensiones, en los que impactan las situaciones, los tiempos y todo aquello que mantienen a su alrededor

Ese zombie esperando dentro de los recovecos de un viejo club de golf no es más que el pasado acechando, ese pasado que habla de dinero, que llama a los dos viajeros solitarios a recordar viejas costumbres. En un arrebato de “normalidad” es el más centrado de ambos quien recurre al hurto, a la desensibilización hacia la burla descarada hacia los muertos. En ese mundo en donde ya no existe un rico o un pobre y donde las cosas han cambiado.

Viajamos de un polo a otro, al descubrir dos mundos dentro del paraje, ambos arrasados por la misma enfermedad, por el mismo componente social que termina destruyendo a quienes habitan ahí. Beth y Daryl son a su vez dos figuras distantes una de la otra, no en tanto a su relación humana, sino a su naturaleza. Así mismo llegamos a ese punto en el que los primeros capítulos nos empezaban a instalar. Si con Carl ya teníamos el adelanto de esa infancia desestructurada, ahora con el personaje interpretado por Emily Kinney se antoja despiezada.

La catarsis de cada uno de los personajes a través de los episodios de esta temporada, nos entrega un capítulo cargado de simbolismos. Es aquí donde se quiere volver a la normalidad, entendiendo por “normal” prácticas ligadas a vicios para fugarse, juegos inocentes que carecen de sentido en la realidad de la serie; aun perteneciendo a lo peor de algunas etapas del ser humano, terminan siendo situaciones inofensivas en las construcciones como sujetos de los personajes.

Es en ese momento en el que vemos que ambos personajes intercambian roles. Se nos da la oportunidad de ahondar un poco más en la historia de ese personaje críptico que terminó adaptado al medio, pero que no era muy diferente del mundo en el que ya habitaba. En el otro polo, están depositadas las esperanzas de una persona que experimentaba las sensaciones de una persona en un hogar completo, en un hogar con la coherencia deseable, y que sin embargo en situaciones contrarias, termina partida en pedazos y pidiendo una cosa simple: un trago.

Y ese arrebato de entereza se ve sustituido de igual manera con el arrebato de vulnerabilidad de su compañero. Porque en este mundo en donde el dinero dejó de importar se hace sentir más esa necesidad por no perder la cordura, por no abandonar esa parte humana, ese aspecto ínfimo que construye a un sujeto y le da la certeza de un mañana. Porque al fin y al cabo sea un zombie tocando la puerta o uno acechando, siguen siendo los monstruos de un pasado amenazante los que realmente hacen daño a las personas. Porque el miedo está presente y la incertidumbre hasta que tomas por fuerza las cosas, les encaras y terminas por destruir todo aquello que te hace daño.
La culpa y desasosiego mostrados en un arranque de rebeldía adolescente, se quema en solitario en la noche, una en donde particularmente es más fuerte ese deseo por quebrar con todo lo pasado, que el de “seguir aún ahí” atrapado en las redes de ese mundo al que se aferran ambos protagonistas y al que pertenecemos todos nosotros. Aquel en el que deambulan ambos personajes de este gran capítulo.

Sin duda uno de los mejores en cuanto a desarrollo y uno especialmente cargado de contenido que le da fuerza a los personajes, que los redimensiona, que les entrega eso que nos debían desde la temporada pasada. Aquí vemos realmente humanos, no una bandada de personajes matando muertos vivientes, viviendo un sueño americano en una granja. Aquí hay, una cantidad de humanismo y de problemas del mundo real que de verdad, le adhieren por default una solidez a la historia que le dan un nuevo significado a la palabra “still” y cuya carga reflexiva espera a ser descubierta.

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