¿Envejece el cine?

Ese mismo proceso que notamos cuando nos miramos al espejo, y notamos una que otra cana, una que otra arruga, un cambio sustancial en nuestra forma de vernos a nosotros mismos. Ese retrato que va pasando a través de los años por el espejo también ha suscitado en la cinematografía un punto a debate: ¿Las películas envejecen o somos nosotros los que no queremos darnos cuenta de que envejecemos?
 
Películas hay de todo tipo, de cualquier género que se pueda pensar, que nos han tocado. Hace poco, en justas platicas con colegas, salió a relucir esa sensación del primer visionado de una película. Esa sencilla para poderosísima sensación, de novedad, de descubrimiento ante nuevas historias, ante nuevos paradigmas cinematográficos. Recordar de este modo películas que en su momento supusieron una total sacudida mental, a veces se disipa en un segundo visionado.
 
Cada película es hija de su propia época, eso queda clarísimo, aunque para algunas personas este concepto simplemente les parece perdido y desconocido. Cuando se mira una película no puede más que pensarse dentro de su marco temporal, con sus propias implicaciones socio-culturales. La película es víctima de su propio espacio-tiempo. Pero muy por el contrario, existen películas que no ven limitadas sus bondades por ello; rompen esa burbuja y se sienten actuales, no por sus efectos especiales, o por su distinción en particular tecnológicamente hablando.
 
Existe ese elemento atemporal que lo mismo impacta a la gente de la propia época en la que fue concebida que a la gente que las mira tímida en su habitación en una suerte de introspección, en su reproductor Blu-Ray hoy en día. Hay tramas tan universales pero tan magníficamente relatadas que rompen este tabú dentro del cine y aunque nosotros envejezcamos, simplemente no se mueven ni un ápice y conservan todas sus bondades, aunque algunos efectos realmente sugieran un estancamiento técnico.
 
Parte de ello es el desencanto de quien se sabe adelantado y otro muy importante, es esta incapacidad que tenemos de asombro; pensando más en las generaciones que pudieran descubrir grandes clásicos del cine y que sentirían que las historias resultan anticuadas. Argumento totalmente válido para una generación acostumbrada a encontrar la información a la vuelta de un click o en ciernes de marcar una época con internet y la profunda revalorización del cine, tanto en formato, como en tendencia.
 
Tópico que no está exento de apreciación sumamente subjetiva. Ya en este apartado, las personas que platicábamos el tema, no pudimos ponernos de acuerdo en muchas películas en las que coincidiéramos en cuanto a gusto personal, pero que una certeza de aproximación cinematográfica más profunda, nos permitía mencionar algunos títulos puntualmente. Hay clásicos que definitivamente no se pueden pasar de lado, y sin embargo hay otros como Network de 1976que resuenan en sus discursos hasta hoy en día.
 
Parte de la malograda cinematografía actual, es precisamente el tipo de películas que basan sus lineamientos en una serie de efectos especiales y cuyo asombro técnico temporal sufrimos.Detalles tecnológicos que pudieran esconder deficiencias de historia o de estructura que a través de los años saldrían a relucir. Como quitarle la cáscara a una naranja, desnudamos el filme y encontramos en él un simple desfile de desarrollos de efectos especiales.
 
De cierto modo, salieron también a la luz títulos como Terminator 2, Star trek, Jurassic Park, BackTo The Future, que aún con el tratamiento visual propio de la época, siguen cautivándonos, y en un giro positivo, siguen encantando a nuevas generaciones. The Exorcist calificaría pero la gente no la mira con los mismos ojos de 1973, aunque haya sido una de las películas que redefinieron la forma en que la gente veía el horror, aunque hoy día los niños rían en lugar de asustarse cuando ven el ritual de aquel film.
 
Ya en este aspecto estaríamos entrando a un terreno más pantanoso que el anterior si cabe decir.El de identificar en que momento el cine es arte y en qué momento es industria, siendo el monstruo de las ganancias que es en estos momentos. Lo cierto es que nuestra mirada también crece, también se hace vieja y aprendemos a tomar del cine lo que nos parece más adecuado. En este sentido también se agudiza nuestra forma de digerirlo, y empezamos a encontrar en películas que quizá no tomamos en cuenta, elementos valiosos.
 
Es aquí en donde una película con múltiples interpretaciones e infinidad de lecturas se mantiene vigente, no por su ambigüedad, ni por el precio que pagamos al subjetivar todo lo que tenga que ver con un análisis formal cinematográfico, sino porque encontramos en ella una película distinta por vez, aunque siga siendo la misma historia, sin dejar de encantarnos una vez tras otra.Crecemos, y junto a nosotros, el cine también lo hace, pues no es el mismo engendro que a finales del siglo XIX y principios del siglo XX fue concebido. El cine del siglo XXI ya se pronuncia de diferente manera, pero el debate sigue abierto.
 
Aun siendo un arte/industria muy joven tendemos a pensar que el cine siempre estuvo ahí. Así como pensamos en nuestro presente como el único tiempo posible. Hoy día el cine sigue mostrándonos que es una ventana para mirar dentro de nuestro propio envejecimiento, a través de sus imágenes.
 
Vean cine, el cine es vida.

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